Principios de verano, presumía un día precioso de playa. Mañana fresquita, día limpio de nubes. Me iba a hacer falta llevar la sombrilla.
Llegué temprano, todavía no había mucha gente, una delicia para poder pasear junto a la orilla.
La marea estaba baja y una suave brisa del nordeste envolvía mi cuerpo y eso hacía que pudiese caminar más ligera, sin agobios ni calor.
Me cansé con la caminata y me tumbé debajo de la sombrilla de alegres colores. De pronto sentí que la arena me golpeaba las piernas y que cuando alguien pasaba andando junto ami, se me venía a la cara. La brisa ligera del nordeste iba subiendo de tono.
Cogí mis cosas y decidida a tolerarlome acerqué a la orilla, junto a la arena húmeda. Un poco de hoyo para proteger el cuerpo y la consabida sombrilla sirviéndome de parapeto.
¡Qué bien, -me dije. lo he conseguido!
Al poco rato otra ventolada fuerte; hace frío, la gente se va marchandoy la arena barre toda la playa. Aburrida claudico y también acabo marchando contra mi voluntad.
Es el viento del nordeste, nordestillo maravilloso que suaviza los calores veraniegos o nordestazo que nos levanta los sesos, como solemos decir.
Empieza en primavera y se queda bastante con nosotros. A su favor tiene que es seco, ideal en este clima húmedo.
Pero este año se nos acaba de colar en estas fechas en que el viento sur ya había hecho su aparición. Los días son límpios, sin nubes, las noches cielo raso y las heladas han venido demasiado pronto.
¡Puñetero viento del nordeste, nos haces abrigarnos!. Solo al socaire y al sol da gusto estar. Los árboles danzan y siguen soltando sus hojas que arremolinan al lado contrario de cuando sopla el sur, ese sur con el que jugábamos de pequeñas abriendo nuestras capas o abrigos cual diminutas mariposas danzando entre las hojas de los plátanos que llenaban el suelo del camino a casa, cuando salíamos del colegio.
María Eulalia Delgado González
Octubre 2009
Llegué temprano, todavía no había mucha gente, una delicia para poder pasear junto a la orilla.
La marea estaba baja y una suave brisa del nordeste envolvía mi cuerpo y eso hacía que pudiese caminar más ligera, sin agobios ni calor.
Me cansé con la caminata y me tumbé debajo de la sombrilla de alegres colores. De pronto sentí que la arena me golpeaba las piernas y que cuando alguien pasaba andando junto ami, se me venía a la cara. La brisa ligera del nordeste iba subiendo de tono.
Cogí mis cosas y decidida a tolerarlome acerqué a la orilla, junto a la arena húmeda. Un poco de hoyo para proteger el cuerpo y la consabida sombrilla sirviéndome de parapeto.
¡Qué bien, -me dije. lo he conseguido!
Al poco rato otra ventolada fuerte; hace frío, la gente se va marchandoy la arena barre toda la playa. Aburrida claudico y también acabo marchando contra mi voluntad.
Es el viento del nordeste, nordestillo maravilloso que suaviza los calores veraniegos o nordestazo que nos levanta los sesos, como solemos decir.
Empieza en primavera y se queda bastante con nosotros. A su favor tiene que es seco, ideal en este clima húmedo.
Pero este año se nos acaba de colar en estas fechas en que el viento sur ya había hecho su aparición. Los días son límpios, sin nubes, las noches cielo raso y las heladas han venido demasiado pronto.
¡Puñetero viento del nordeste, nos haces abrigarnos!. Solo al socaire y al sol da gusto estar. Los árboles danzan y siguen soltando sus hojas que arremolinan al lado contrario de cuando sopla el sur, ese sur con el que jugábamos de pequeñas abriendo nuestras capas o abrigos cual diminutas mariposas danzando entre las hojas de los plátanos que llenaban el suelo del camino a casa, cuando salíamos del colegio.
María Eulalia Delgado González
Octubre 2009
2 comentarios:
Ay, Lali, como me suena eso del viento en la playa... ¿Sabes lo que más me gusta de tu escrito? que al leerlo te veo cargando por la playa con todos los bártulos. No dejes nunca de escribir como lo haces.
María
Corto, rápido, pero Laly todo lo completo que cualquiera de nosostros hubiera querido. Abrazos. Lines
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