
"No me lo podía creer, Salí corriendo, sin darme cuenta que te había dejado atrás.
Solo necesitaba que el frio viento, que llega desde la mar, me ayudara y se llevara mis pensamientos y a ti con ellos. Cuando me di cuenta, había llegado a nuestro lugar secreto, donde, por primera vez, encontré esa mirada cómplice, que hizo que tocara el cielo con mis manos.
De repente mis ojos, empezaron a llorar, y la brisa cómplice de ti, intentó secarlas, pero fue inútil. Porque no se puede secar un mar de lagrimas, solo con tu aliento. Y entonces me di cuenta, ¿qué hago aquí?, Discutiendo con el viento, si es contigo con quien quiero hablar."
"Al regresar a casa, abrí la puerta y encontré un murmullo, de esos que cuando entras en un lugar se diluye y solo queda el silencio, esperé encontrar tu voz, pero escuché la brisa cómplice.
Me pregunté, ¿qué hacia toda esa gente en nuestra casa? Y de repente me di cuenta que, sus miradas estaban perdidas y en sus ojos no había brillo.
Entonces, fui a nuestra habitación y estabas allí donde te había dejado esta mañana.
Busqué tu mirada, esa mirada que hacia desvanecer el mundo, y que solo estuviéramos tu y yo.
Te besé, fue el beso más bonito y triste de mi vida. Porque tú, mi amor, no me le devolviste.
Y allí me quedé junto a ti como siempre había soñado. Me despedí con ese beso y tú me acariciaste el pelo con tu brisa cómplice.
Espérame mi amor, algún día volveré a tocar el cielo con las manos.
Jezabel Luguera González©
Mayo 2010
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