domingo, 15 de enero de 2017

UNA VEZ SOÑE

UNA VEZ SOÑÉ

 Resultado de imagen de CUENTO DE HADAS
Una vez soñé que era condesa. La más hermosa del condado, todos los nobles y campesinos estaban de acuerdo. Hija de un anciano conde. Era rubia, ojos verdes y piel blanca. Todos los nobles caballeros de las proximidades suspiraban por mi amor. Ninguno de ellos, sin embargo, logró ganarse mi simpatía. De las visitas al castillo, todos se volvían melancólicos, tristes por mi indiferencia.
―¿Quieres renunciar a las alegrías y dulzuras del matrimonio, Jimena? ―me preguntaba mi padre―. Yo soy ya viejo y...
―No, padre ―respondía―, sólo me casaré con un hombre que sea hermoso, rico, fuerte, príncipe o rey.
―En amor, hija mía, más vale ternura que riqueza ―decía mi padre.
Una tarde de verano, llegó al castillo un apuesto joven, vestido de rojo, cabalgando sobre un caballo negro azabache. Dijo que era un poderoso señor, que venía de lejanas tierras atraído por mi belleza.
En el castillo, era un día de gran fiesta para celebrar la llegada del joven noble. Se organizó un gran banquete, donde no faltaron trovadores y juglares. Cuando miré al joven desconocido, noté un sentimiento nuevo para mí.
La estancia del misterioso joven se prolongaba; en el castillo, los banquetes y las fiestas continuaban. Una noche, después del baile, el caballero, vestido siempre de rojo, se acercó y me dijo:
A media noche, ven a la orilla del río; te espero junto al puente de madera.
Iré; a las doce en punto, allí estaré.
Llegué puntual. Le dije:
Aquí estoy, ¿qué quieres de mí?
Decirte que te amo, Jimena, y que te quiero como reina y señora.
Yo también te amo.
Pues sígueme.
¿Y mi padre?
Sígueme, un trono te espera. Ven a recibir la corona que tengo dispuesta.
De pronto, un relincho; apareció el caballo negro azabache, como por encantamiento. El extraño caballero montó y me tendió sus brazos.
¿Seré reina?
Sí, lo serás, Jimena mía.
Me cogió bruscamente y me sentó en la grupa del caballo. Una nube espesa me envolvió. Me sentí zarandeada. De lejos, oía:
Levántate, perezosa, vas a llegar tarde al colegio. ¿No has oído el despertador?

Ana Pérez Urquiza ©