sábado, 28 de noviembre de 2020

VAYA LÍO

 

 


            –Perdone, ¿sabe usted cómo se sale de aquí?

            –Pues no, y perdone usted, pero llevo más de una hora dando vueltas. Ya estoy cansada y hasta un poco asustada.

            –Lo mismo que yo. Vine con mi hijo y me dijo que diese una vuelta por esta tienda tan grande, que me gustaría. Él iba a mirar no se qué muebles. Mientras, yo podría elegir alguna herramienta que en el pueblo no había. Llevo cinco años jubilado, ¿sabe?, y para entretenerme, he montado un taller de carpintería en lo que era el viejo gallinero, y hago cosinas.

            –¿Es usted de por aquí? Asturianu, sí, por su acento.

            –Soy de Cangas. Vivo en las afueras. El hijo vive aquí, en Oviedo, y de vez en cuando vengo a pasar con él unos días, pero nunca me había traído a este centro comercial. Me dice que es sueco, ¡mire usted!

            –Yo me llamo Avelina y soy de Arriondas. Vivo aquí con mi hija desde hace dos meses. Es también la primera vez que me trae aquí. Me dejó mirando plantas y cocinas, que aquí hay muchas cosas. Me mareo con tanto cacharro y no hago más que dar vueltas.

            –¡No me extraña, coño!, igual que yo, no hay más que flechas en el suelo. Me dijo el hijo que las siguiera, que era muy fácil moverse. Pero, ¿adónde? Todo el tiempo aparezco aquí, que solo veo camas y sofás. Vi antes unas herramientas que me vendrían bien, pero, con tanta puñetera flecha, las perdí de vista y ahora no doy con ello. ¡Ah!, me llamo Tomás, encantado de conocerla.

            –Igualmente. A mí me ha pasado lo mismo, me he perdido. ¿Y si nos sentamos en ese sofá?, está todo montado como una salita. Igual hasta nos traen un café… Tengo los pies reventados por culpa de los zapatos nuevos. Yo estaba muy bien en el pueblo, me calzaba muy cómoda para salir a la calle a pasear; pero aquí se va más arreglada. Con lo a gusto que estaba yo allí… Salía a andar o a charlar con las amigas y las vecinas, y no se crea, lo mismo de cotilleos que de política, lo que se terciase. Mi hija lo hace por mi bien, pero me aburro mucho. ¡Qué bien se está aquí sentadines!, ¿verdad?

            –¡Y que lo diga! Yo también me aburro mucho. Pero cualquiera oye a este hijo mío si no vengo de vez en cuando… Bueno, seguimos aquí sentados y que nos busquen. ¿Acaso no nos han traído para pasar un buen rato, Avelina? Pues eso.

            –¡Así es, Tomás!

Después de un buen rato, se escucha por megafonía: “Por favor, la señora Avelina González: su hija la busca, preséntese en la zona de recepción”. Acto seguido, otra voz solicita lo mismo a Tomás Collado.

            En ese momento, un empleado contempla a una pareja algo mayor, durmiendo plácidamente en un sofá de la casa. Muy arrimados y cogidos de la mano.

Calentines, que dirían ellos.

 

Remedios Llano Pinna©

Noviembre

COMILLAS

No hay comentarios: