¡Qué
viene la bruja! Las carreras y los gritos de los tres primos se escuchan en
Relatores 22. Detrás de ellos, corre la abuela, enloquecida, muerta de risa,
con una enorme bruja que lleva por delante y con la que persigue a los aterrorizados
niños. Los ojos se le encienden y las carcajadas de cualquiera de las dos ponen
de punta los pelos de los niños.
—¿Por
qué tienes la bruja? —pregunta alguien desde la mesa—. ¿Para hacer brujerías?
—¿Yoooo?
—pregunta, muy sorprendida, la matriarca—. Al que le va la brujería es a Paco. Yo
compré la bruja por los niños. ¡En qué me he visto de librarme del pollo muerto
que guardaba debajo de la cama!
—A
ver, no te hagas la loca. Detrás de la puerta tienes un plato con limones y
ajos. Eso es tuyo, ¡seguro!
—Sí,
pero eso no tiene nada que ver —contesta indignada—. Si cuando salgáis están
pochos, es que aquí ha habido malas vibras.
En
ese momento, uno de los niños, al esconderse detrás de uno de los cortinones
rojos de terciopelo que cubren los grandes ventanales que dan a Tirso de Molina
y desde el que se ve, majestuoso, el Teatro Español, deja al descubierto una
botella casi vacía de vodka con unas bolas negras, como de pelo, flotando. Una
servilleta, enroscada alrededor del
cuello y atada con una cinta negra de Versace, hace gritar a todos los
asistentes a la comida navideña por el extraño, y sobre todo sospechoso,
aspecto.
—No
lo toques —decía al yerno de la nuera de la abuela la que había recriminado a
la anfitriona el tener limones detrás de la puerta—. ¿Es tuyo también?
—No,
te juro por mis hijos que no; será de mi hijo Paco, veinte años casado con una
cubana. ¡Un calzonazos! Se me hace comunista y ahora, además, todo el día con
las brujerías.
—A
lo mejor es moho —contesta una de las intrépidas nueras, quitando el envoltorio
de la botella—, aunque al alcohol no le sale moho. Y además, estos nudos son
muy rebuscados y, fijaros, este botón rojo a modo de tapón es muy extraño.
Y
así trascurre una sobremesa como muchas
otras en Relatores 22. Arriba, en el 3º, vive Sabina, pero donde todo se cuece,
realmente, es en el 1º derecha, donde una placa anuncia que ahí vive La Bella.
Almudena Pascual©

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