sábado, 28 de noviembre de 2020

YA SON LAS SEIS DE LA TARDE

 



 

La física define el calor como “La energía que pasa de un cuerpo a otro y que causa la dilatación y los cambios de estado de estos” y la RAE define humano como “Comprensivo, sensible a los infortunios ajenos”.

Así que, si sumamos Calor + Humano, obtenemos = a: la energía que pasa de un cuerpo a otro de manera comprensiva y sensible a los infortunios ajenos, que causa la dilatación y los cambios de estado de estos.

            –¿Cómo os quedáis? (Lo sé, esa misma sensación tuve yo).

A lo largo de este año tan extravagante (por no decir otra palabra), muchos de los conceptos esenciales e inamovibles para mí se transformaron –o mejor dicho, evolucionaron– como los pokemons. Yo creo que de todo malo se obtiene algo bueno, una enseñanza que necesitabas y que ni siquiera te diste cuenta de su carencia.

Cuando hablamos de calor humano, a mi memoria la asaltan miles de recuerdos en forma de tsunami. Además, todos tienen un punto en común: el contacto “piel con piel”, un abrazo de oso en el cual dejas todos tus miedos; cuando te cogen de la mano para pasear; una caricia en la mejilla, que busca quitar la lágrima y borrar el sufrimiento que la produjo; un toquecito en la espalda para decirnos que no esperes más, que ya están aquí y sienten llegar tarde…

Pero ahora ese concepto ha cambiado, como todo nuestro mundo, y nos hemos tenido que amoldar de manera asintomática sin ni siquiera notarlo. Pero si nos afecta de forma interna y a los que nos rodean una de esas variaciones, es que transmitimos calor por medio de video llamadas, audios, mensajes o miradas de cariño. Valoramos más ahora los “¿Qué tal?”, porque ya no son de cortesía o un simple saludo. Hemos vuelto a tomar tiempo para despejar un poco la niebla que nos rodea y no nos dejaba ver lo que realmente nos importa y saber cómo está.

Otra de las cosas que he descubierto y me ha sorprendido muchísimo es cómo se puede recibir cariño, alegría, buen rollo o compañía de alguien que no conoces. Y no porque seas especial. Simplemente ha decidido acompañarte cuando no podías salir de casa, cantarte canciones para alegrarte un rato, darte consejos que no habías pedido pero sí necesitabas, o simplemente alegrarte un rato de tu día. Y lo más sorprendente: no tenían destinatario concreto. Simplemente, el que se conectaba a instagram, twiter, facebook, youtube, la radio, la tv y hasta el patio o balcones de su comunidad, daba igual el canal. La sociedad necesitaba dar calor y recibir calor humano.

En mi caso, hubo tres formas de recibir esa energía. La primera y más importante, los míos, esas personas que forman mi mundo, y algunas tienen mis apellidos, otras no; las conozco de toda la vida o de algunos años, pero todos los días, por una causa u otra, aparecían y siguen apareciendo en mi teléfono en forma de video llamada, aunque fuera solo para hacer ruido, ya que en mi casa estábamos la plata de pascua (Resi) y yo. La segunda fue la música. Sin ella, no concibo la vida; tengo varios altavoces inalámbricos, Spotify, CD… Todo lo que imagines, lo tengo o lo tuve; pero además, también vi conciertos en directo desde mi casa (sentada en el sofá o bailando en mi salón), a mis artistas favoritos y muchos desconocidos que compartían su arte desde sus hogares, por el simple hecho de dar un poco de esa energía… ¿No es alucinante? No voy a olvidar nunca la sensación de bailar descalza en mi casa escuchando mis canciones favoritas en directo.

Y la tercera, tiene nombre, apellido y hora. Seguro que te estás preguntando de quién hablo, ¿verdad? Pues de nada más y nada menos que de la actriz “Ana Milán y sus directos a las 6 pm” (que empezaron siendo a las 12 am). Fueron un gran redescubrimiento para mí. Siempre me había gustado como actriz y, en muchas entrevistas, me había encantado ese carácter y su manera de ver el mundo; pero en la época “marmota” que vivimos, fue la hostia, hablando claro y mal. Con sus respuestas a preguntas que los seguidores le hacían en directo, su moño imperfecto, sus 1500  gafas (que bajaba cuando la respuesta era intensa o explicativa), con su música de fondo “Ludovico Einaudi”, “ok google“ activando nuestros teléfonos Android, sus anécdotas, que eran el mejor acompañamiento a sus respuestas; pero, sobre todo, ese buen rollo, las risas y la energía que nos trasmitía, hacían que mi día fuera un mejor día. Hicimos pandilla sin proponerlo y la vida nos enseño momentos únicos y que, a veces, la gente te puede sorprender y enseñar sin proponérselo.

Ya solo me queda deciros que sin cultura no puedo vivir; creo que el mundo no podría girar, se pararía. Para mí, el calor humano, sin cultura, no es calor humano.

 

Jezabel Luguera©

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