lunes, 24 de octubre de 2022

DECIR ADIÓS (Al curso del Taller y a los amigos que nos dejaron)

 Escritos seleccionados para su lectura el día 19 de octubre de 2022 en la inauguración de la 14ª edición del Taller de Escritura, curso 2022/2023, de San Vicente de la Barquera y que corresponden a compañeros que nos dejaron. Las fechas son con las que se editaron en este Blog.   

 

"La niñez es una etapa

que no se olvida jamás,

es un corazón sincero

de inocencia sin maldad,

si le miras a la cara

derrocha alegría y paz.

 

Me apasiona cuando hablo

de mi infancia ya lejana,

me recuerdo de pequeña

cuando mi madre dormía

y me cantaba una nana."

17/03/09

Hace unas semanas me enteré de la noticia de Blanca y quiero que sean para ella mis primeras palabras.

 

También recuerdo ahora a Jesús:

 

   "Caminé hasta el fondo, y allí,  entre silenciosos ordenadores, estabais todos vosotros, los miembros del Taller de Escritura, cada uno con la historia de una escalera relatada en un papel que teníais en la mano. Foncho dispuso el orden en que cada cual debía leer lo suyo, y así supimos lo mucho que una escalera puede dar de sí cuando nos decidimos hablar de ella.

 

            A mí, ya lo visteis; la edad me hizo dar tumbos de una escalera a otra, hasta encontrar el sitio perfecto, que es  con todos vosotros, en  nuestro entrañable Taller…"

20/01/13

 

También recuerdo a Maxi:

 

"Los árboles mecían sus copas acompasadamente al son de una tenue brisa. Comencé a oír unas melodías que deleitaban mis oídos. Unas, provenían de un lado. Cuando miraba, sonaban del otro. Cambiaba la vista y sonaban por encima de mí. Con curiosidad miré hacia arriba y noté tal claridad de luz, pero tan dulcemente extraña, que ni siquiera me hacía parpadear. Pensé quedarme tumbado al lado del camino y gozar del instante. Decidí seguir.

 

De repente, dejan de sonar las suaves melodías. Los árboles  detienen sus movimientos. La luz se oscurece y se escuchan sonidos extraños, risotadas que me estremecían. Comenzaron a aparecer toda clase de animales, que hablaban"

15/12/12

Y a Laura:

 

"El silencio del dolor no compartido y el del abandono de los seres a los que quieres y te quieren es el más duro de soportar. De ahí que a partir de ahora voy a ser la persona más bulliciosa que nunca pudiera imaginar, con todos los que no dejáis que escuche nada más que muchos ánimos y mejores quereres.

Por eso aquí estoy, de nuevo con vosotros, para meter mucho ruido con las carcajadas que todos vosotros provocáis en quien os escuchamos y si llega el caso, y puedo provocaros una sonrisa, aunque no sea sonora, disfrutarla también.

Siempre se han comentado en diversos escritos, y de palabra también, que somos como una pequeña familia con aficiones y necesidades muy parecidas. Y aquí viene muy bien una frase de las muchas recibidas por mí en estos meses que dice que: “La sangre te hace pariente pero la lealtad te hace familia”. Y yo me he topado con una inmensa familia, que estoy segura que  no he hecho nada por ganármela, pero que la generosidad de la gente que me conocéis habéis creado a mí alrededor."

 

10/10/13

 

 Y por último éstas son las mías, en este intento de poema en prosa:


DECIR ADIÓS...

 

 

Decir adiós siempre es difícil

y más cuando se rompen las amarras

que te atan a un círculo concreto,

a una vida seguida hasta ese instante,

a un cariño sincero y verdadero

que entregaste sin palabras.

 

Pero el adiós es algo necesario

y lo precisas, quizás sin darte cuenta.

Es algo que te viene golpeando en las entrañas

y te hace entristecer

cuando lo elevas al presente.

 

Decir adiós es siempre así,

como una despedida en la distancia,

como la mano de la novia que despide

al navegante en la novela,

o aquella otra que saluda con nostalgia, en la estación,

aquel vagón que ya se pierde por las vías.

 

Decir adiós es penetrar en las pupilas

y en el llanto,

es comprender que si se llora

es porque un tierno sentimiento sigue ahí, en ese pecho,

del que asoman unos ojos soñadores,

una risa proverbial y cristalina

troceada en mil pedazos

y unos sueños de ilusión

que ahora vuelan por el cielo.

 

Decir adiós es renunciar a amar

y a la batalla por querer y que te quieran,

es enjuagar nerviosamente unas lágrimas traidoras

que se asoman a los ojos y rebelan sentimientos.

 

Decir adiós es ser igual a quien se va

y a quien no quiere conseguir un objetivo perseguido,

aunque en esa lucha queden los sudores y la entrega

con la sangre derramada en la batalla.

 

Decir adiós es escuchar la música del viento

y ver cómo sacude, en la pelea,

esa orquesta irreverente de las ramas de los árboles,

es contemplar a las corrientes de los ríos,

bajando presurosas,

y trazando mil formas caprichosas en meandros y riberas.

 

Decir adiós es, algo así, como una triste despedida

que encoge el corazón en un instante

o quizás en poco tiempo

y lo eleva a los confines del invierno de la vida.

 

Decir adiós es apagar las voces de los hombres,

es renunciar a premios e imposibles

basados en los sueños y utopías,

es devolver al niño su mirada

y es entregar aquello que más quieres

sin una condición, ni pedir nada.

 

Decir adiós es ser igual a la verdad

que escapa presurosa de los dedos,

es admitir que un tiempo, ya pasado, se nos marcha,

que dejas en los labios la sonrisa de una infancia

y vuelas al otoño de tu vida,

buscando en esa alfombra tan dorada,

el sueño que te arrope y te proteja

de recuerdos y fantasmas del pasado.

 

Decir adiós es hilvanar ahora las palabras

y levantar la vista hasta unos ojos,

es pronunciar sin prisas un te quiero y un te amo

y es admitir que aquí, en el corazón,

existe la razón de tanta entrega generosa,

de tanto tiempo transcurrido con susurros y suspiros

y es el adiós de un curso que se acaba,

de un tiempo que termina,

de un cáliz que se apura y paladea con delicia.

 

Decir adiós es más y mucho más que todo esto

y yo sé bien que tú, mi corazón,

también lo sabes y comprendes,

como yo, en este instante,

en que escribo este poema para ti.

 

Rafael Sánchez Ortega ©

23/06/14

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