lunes, 14 de noviembre de 2022

¡AY!, AMOR DE MIS AMORES

 


            No sé cuántos años tendría: quizá seis. Seguro que tú, con tu memoria de  elefante, te acuerdas. Yo iba agarrada al vestido floreado de mi madre. Eras un mastodonte en el horizonte del mar de Ondarroa –autonomía de Euskal Herria–; echabas espumarajos, cual torpedos ruidosos; junto con tus luengas blancas lenguas, llegabas hasta mis temblorosos pies: sí, te tenía pánico. Mi madre me exhortaba a que disfrutara de ti, pero yo jugaba con tus infinitos granitos marrones. Surgían borbotones por doquier: era la respiración de los cangrejos..., y si llegaba a las  rocas del perímetro de la coqueta playa, los crustáceos echaban carreritas hacia sus cavernas; nunca me atreví a pescar uno. Cuando se abría la cesta de la merienda, más distendida, contemplaba el céfiro manto del cielo intentando solapar tu azul mar: intento baldío. Mas, imbuida en tu kresala, en tu dulce frisa, en tus masajes en los pies, se me cerraban los ojos...

            Hoy, 26 de octubre de 2022, he bajado a la playa de Merón, en San Vicente de la Barquera, en la autonomía de Cantabria. Parece que la naturaleza quiere alargar el verano: tenemos unos 22 grados de temperatura, tú nos ofrecerás unos 19 grados; apenas alcanzas medio metro al llegar a la orilla. La playa, nada acicalada; en tu avanzada, vas dejando ramas, ramitas… (el día 21 sopló un viento huracanado que nos rompió la valla del jardín).

            Estáis las dos a falta de un poco de maquillaje: no te enfades, todavía me parece que estoy en un paraíso, que te me ofreces sin diezmos. Y yo avanzo, cual tortuga, intentando sortear los obstáculos, y plasmar tu belleza en mi interior. ¡Alto! Alguien cubierta con vestido brillante se me presenta. ¡Luz, más luz! Me quito las gafas de sol: es una medusa viscosa. Ahora sí que camino con pies de plomo y ojos de Sherlock Holmes. Otra medusa por la playa de la Braña. Cada diez metros, me paro: observo la línea del agua y alzo los ojos. Alguien ha construido un tipi, pero, en vez de lienzo, lo han construido con maderos de todo tipo y lo han ornado con toallas rayadas. Tú, mar, vas subiendo y me haces un favor: no tendré que llegar hasta El cabo. En mi lento y temerario retroceder, cuento otras diez medusas. Nadie paseando por la orilla silente, pero a mí, como buena socorrista, me habría gustado vociferar: ¡Medusas! Llego a El zapato y a su retoñoaquí, a primeros de setiembre, acompañada de mis nietos, fui testigo de pececitos que nadaban entre los líquenes en un pequeño estanque–. Visualizo a los nietos y los tesoros que me ofreces: en tus pleamares, habrás hecho el cambio de tus nadadores. Como cabezas negras de alfileres antiguos, cuento hasta cuarenta surfistas cerca del faro viejo. Yacen con ojo avizor... ¡Una ola! Seis acróbatas han cogido la onda. Ningún veneno acechando... Una surfista, en zigzag, se acerca hasta la orilla: su proeza me anima a entrar en tus ondas... Es la suprema sensación de bienestar y agradecimiento.

 

                                                 San Vicente de la barquera, a  9 de noviembre de 2022

                                                  Isabel Bascaran Garechana©                      

No hay comentarios: