El otro día, mientras tomaba mi té Earl Grey como cada tarde, mi mente
viajó en expansión incansable sin rumbo, pero al mismo tiempo cabal y
equilibrada.
No sé si a ustedes les pasa, pero en
mí los pensamientos se empujan unos a otros desnudos por un laberinto,
golpeando mi cabeza y mis oídos aturdidos, convirtiéndose en mis compañeros de
viaje.
No me pregunten cómo caminó mi
cerebro así de inconsciente mientras miraba el negro líquido en la taza.
Yo creo que nuestras posibilidades
de razonar son infinitas, llegando como gritos resoplando en plena tormenta y
demostrando a golpe de latigazos cuan perezosa es nuestra mente.
Oímos solo lo que queremos oír,
escribiéndolo con tiza en unas enormes letras para que no se nos olvide, y lo
que no, lo dejamos escapar atravesando muros y ruinas, enterrando todo vestigio
de humanidad.
¡Tanto tacto a veces! ¡Tanta
traición desatinada!
Ustedes pensarán: ¿qué me está
contando?, ¿qué cree que nosotros debemos imaginar con estas frases?
No se preocupen, enseguida voy a
intentar abrirles la puerta a este mensaje, sin tinieblas ni oscuridad.
¿Han reflexionado alguna vez en la
destrucción que origina una guerra? Pues ahí es por donde voy a empezar.
Nos podemos preguntar: Después de
una guerra, ¿qué ocurre? Las opiniones son divergentes, ya que los conflictos
bélicos han salpicado de sangre a muchas familias y una se plantea al cabo de
unos años: Y ahora, ¿qué?
Ustedes son gente inteligente, igual
se les han pasado por la cabeza esas dos palabras mágicas que voy a decir a
continuación.
Después de una guerra, ¿qué es más
importante: la justicia o la paz?
Desafortunadamente, no es siempre
posible que un país logre tener paz a través de la justicia.
En Irlanda no había justicia. Muchos
de los terroristas están actualmente en el gobierno; sin embargo, hay paz.
¿Qué es más importante, la justicia
o la paz?
En
Ucrania no hay paz; pero algún día, quizás, habrá justicia.
¿Qué es más importante, la paz o la
justicia?
¿Es posible la paz sin justicia? ¿Es
posible la justicia sin paz?
Los muertos no pueden hablar. Si
pudieran hacerlo, ¿qué dirían al ver a sus asesinos en el poder? Los vivos sí podemos
hablar, aunque a veces callamos. ¿Qué eligen ustedes, la justicia o la paz?
Ya ven, no todo es blanco o negro,
sino que hay infinidad de matices.
¿Aplaudo a los muertos con la
justicia o aplaudo a los vivos con la paz?
¡Luz,
más luz!, fue la última frase que pronunció Goethe antes de morir. Unas
palabras sabias en todo su contexto, simbolizando un espectro de miles de
colores y tonalidades.
¡Luz, más luz! en la tierra huérfana.
¡Luz, más luz! en la noche desnuda.
¡Luz, más luz! en el mar en llamas.
¡Luz más luz! en la paz del cuerpo y
del alma.
¡Luz, más luz! en mis oídos heridos.
¡Luz, más luz! en mi magnánimo
corazón.
¡Luz, más luz! en el cabalgar de las
estrellas.
¡Luz, más luz! en la opereta del
paseo de la vida.
Francis
Cortés Pahissa©

No hay comentarios:
Publicar un comentario