lunes, 14 de noviembre de 2022

EL MUNDO DE LAS IDEAS Y LOS TRES MARIACHIS

 


 

Ahí estábamos, postrados a la lujuria, pasando nuestros días sin dar palo al agua. Era nuestro estado puro y nuestra forma de relacionarnos.

¡PIMBAOM, PIMBAOM, PIMPAOM!

¡Cómo disfrutamos con esos sonidos primitivos, hipnóticos y a la vez electrizantes! Ese mundo lleno de sombras y sonidos destinado sólo para los elegidos.

Me llamo Diego y mis compis son Valeria y Emiliano y somos los tres mariachis o los tres sudamericanos, depende de quién lo mencione, y eso que hay una diferencia notable de latitud entre un mariachi y un sudamericano.

¡BUM, BUM, BUM!

¡BUM, BUM, BUM!

Somos lo que somos: auténticos nihilistas, no creemos ni en nosotros mismos. Opositores a parásitos y chupasangres, que nos mantienen ahí, sin hacer nada. Nuestra visión es tomar todo tipo de sustancias por la patilla mientras escuchamos nuestros ritmos preferidos. Epicúreos del goce y el disfrute, ahí tirados en esa gruta sin fin y de la que no queremos salir para no conocer la verdad cegadora, la resaca, la responsabilidad y el hastío de todo lo convencional.

¡PIMBAOM, PIMBAOM, PIMBAOM, PIMBAOM!

Valeria, ¡qué haces!, eso no puede ser, es demasiado pronto, quédate un rato más, que ahora viene lo mejor. Moña, más que moña, desertora, ¿adónde vas? Ahí afuera sólo hay ruina y mucho frío. Quédate con nosotros.

Pero, Emiliano, ¿tú también? ¡Joder, no empujes! Venga, tío, no te pires, no me podéis dejar aquí solo, justo ahora que viene la fiesta colectiva de sustancias prohibidas. Bueno, iros; imaginaba que podría ocurrir; así toco a más, o eso espero.

¡Por Dios!, no me zarandees, que yo no quiero abandonar la sala, déjame en paz disfrutando de esta masturbación infinita. ¡Qué no me empujes!, he dicho, que como vuelvan mis colegas te la liamos pero bien. ¡Joder!, me están echando afuera. De verdad que qué poca delicadeza.

Esto es cegador, ¿qué ha pasado? ¡Luz, más luz! No, por favor. Es cegadora, ¡apagad esa luz! Estoy fuera: me golpean, me desplomo, vomito y me desangro, esto es demasiado. Hay gente, mucha más gente que me mira como si fuese un despojo; y me gritan, pero no acabo de interpretar el sentido de sus palabras; está todo nublado. Hace mucho frío, será el mono. Estoy perdiendo la consciencia, escucho un pitido largo y decadente en mi interior, un pitido largo, muy largo.

Despierto, me han limpiado la bilis y me han vestido con una especie de coraza caliente y suave alrededor. Percibo que por ahí están Valeria y Emiliano.

Alguien me tiende los brazos y me apoya en una almohada caliente y esponjosa. Siento que Valeria está postrada sobre el otro cojín, que es igual al mío. Vuelvo a escuchar esos ritmos que me eran familiares y que tanto me gustaban, pero ahora amortiguados y a través de esa forma redonda, caliente y turgente. Me reconforta sobremanera.

¡DUM, DUM, DUM!

Coloco mis labios sobre a una pequeña tetilla que sobresale de la almohada abombada y carnosa y empiezo a chupar, a morder y succionar una sustancia que es nueva para mí.

Mamá, te quiero. Hoy, por esta leche tan rica; mañana, ya veremos.

Este es el comienzo de la historia de mis hermanos Valeria, Emiliano y yo mismo: los tres mariachis o los tres sudamericanos, el apodo varía siempre dependiendo de la formación del hablante. También, por algunos, conocidos como los tricigóticos, y no precisamente porque nos gustasen The Cure, Sister of Mercy y la estética Emo de nueva hornada, sino más bien porque somos la herencia  de tres espermatozoides y tres óvulos. Aunque los óvulos originarios realmente eran de una amiga de mi madre que se los prestó cuando vivían en Puerto Escondido, en el estado de Oaxaca; bueno, y los espermatozoides eran de un amante de la prima de la amiga, groenlandés que, al fin y al cabo, aunque no le conozca, es mi padre genético.

Y si la audiencia lo permite y el algoritmo nos da la razón, os contaremos el resto en posteriores suculentas entregas a rebosar de bilis, mezcales, fluidos y viscosidades varias; y, cómo no, para ablandar vuestros corazones y bombear vuestras libidos, añadiremos una pizquita de amor y toneladas de entrega y pasión. Aunque espero que a estas alturas sepáis que todo es una farsa y nada de esto ocurrirá; o sí, pero eso ya depende del mito de la caverna y las ganas de regresar allá dentro.

 

Óscar Nuño©

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