Los dos días más importantes de tu vida son el día
en que naces, y el
día en que descubres por qué. (Mark Twain)
Veo que hay alguien por aquí (otra
vez), así que ya estoy con el dilema, otra vez: ¿Lo digo o no lo digo?, aunque
lo cierto es que tanto da para mi destino final, que está bastante cercano. A
ver, esto pinta un poco oscuro, ¿no? Pues sí, porque ¿tú podrías encarar el
futuro con alegría, sabiendo que tu fin está solo un poquito más allá de estas
líneas?
Llegado a este punto, ya sé que
tendré que decirlo. Es como cuando tu pareja te suelta: “Oye, ¿sabes una cosa?,
pues que... eh, bueno, nada, no tendría que haber dicho nada, olvídalo.” Es
bastante improbable que lo dejes ahí, ¿verdad? Insistirás e insistirás hasta
que te lo cuente, incluso aunque sospeches que no te va a gustar lo que te
diga. Los humanos sois curiosos, pero además hay aquí un punto de morbo que
hace más difícil dejarlo.
En fin, si es la primera vez que
vienes, querrás que me presente. Lamento decirte que desconozco mi nombre, mi
creador no ha tenido a bien proporcionarme uno. ¿Quién soy? Difícil cuestión,
desde luego, tal vez la más difícil de todas.
Posiblemente creas saber contestar fácilmente
esta pregunta, seguramente dirías: “Soy Fulano de Tal, Menganita de Cual, tengo
47 años, nací en Salamanca y soy ebanista”. A ver, desde luego, eso no eres tú,
tan solo me estás citando accidentes que te describen, más o menos. Tú (sí, tú,
que en silencio me estás leyendo, o escuchando mientras otra persona lee) eres
un ser que cayó hace tiempo en este mundo en un estado de total amnesia de toda
tu vida anterior (si es que la tuviste); un mundo donde te estaban esperando
otros seres igualmente amnésicos de su pasado, pero ya convenientemente
acostumbrados y conformes en diversos grados con su vida diaria y que, desde el
primer momento, mostraron un gran interés en que también afrontaras la
situación de la misma forma. La constante persecución de pequeños afanes
diarios ayuda bastante. Si pensarais esto y no estuvierais ya un poco locos, os
volveríais locos del todo.
Vale, vale, que tampoco quiero
eludir la cuestión: ¿quién soy?
Pues no lo tengo muy claro, solo
puedo decirte que soy algo así como el genio de la lámpara, aunque no vivo en
una lámpara, sino que mi casa, que es mi prisión, es este papel. Me apresuro a
aclararte que tampoco soy un genio, así que olvídate de los deseos.
Y sin embargo, soy consciente, mi
creador me cedió parte de su propia consciencia. Si pudiera salir de aquí,
podría pasar el test de Turing.
Mi creador asegura que Dios existe y
que fue quien le creó. De hecho, en ocasiones le he oído referirse a Él como
Padre. Bien, la lógica más elemental me lleva a concluir que, dado que él a su
vez me creó, yo soy nieto de Dios.
Sin embargo, a pesar de esta
triunfal conclusión, no puedo olvidar lo breve de mi existencia; de hecho, en
estos momentos, cuando apenas he nacido, ya estoy aproximadamente en la mitad
de mi vida.
¿No sería un poco cruel decirle a un
niño, apenas llegara al uso de razón: “Oye, guapo, acabas de cumplir la mitad
de tu vida; con suerte, puede que vivas otro tanto”?
Y luego está la otra cuestión, que
me genera más desazón si cabe que la primera: ¿Para qué me creó? ¿Es que estaba
aburrido?, ¿pretendía entretenerse o divertir a alguien? Si le conoces y tienes
ocasión, tal vez puedas preguntárselo. Tengo cierta curiosidad por saber lo que
diría, claro, pero, más que la respuesta que
pueda dar, me gustaría encontrarla yo. Mi propia respuesta.
Intuyo que, si doy con ella, también encontraré algún sentido a estar aquí
encerrado.
Ya te digo que, como retiro de
descanso, esto no está mal por unos días, pero después de una semana es muy,
pero que muy aburrido. No hay Internet, no ves a nadie y no hablas con nadie,
salvo cuando a algún curioso se le ocurre venir a leerte. Lo peor es que no
recuerdo casi nada de cada visita anterior. Vamos, como vosotros cuando venís
al mundo, solo que sin nadie que me cuente la historia pasada. Eso sí, tiempo
para pensar tengo todo el que quiero y más.
¡Vaya!, acabo de enterarme de que mi creador, en un alarde de generosidad, me ha concedido una palabra más de mi tiempo tasado. Él, gran transgresor de normas, me otorga de esta manera tantas palabras como noches escuchó el rey Schariar a su amada Scherezade: mil y una.
Ahora que siento mi fin cerca, como
suele suceder, percibo la vida más intensamente. Afortunados vosotros que no
conocéis vuestra hora final, así tenéis la oportunidad de disfrutar más
dulcemente de vuestros días.
Hum…, el dejar este mensaje a quien
me lea… quizás pudiera ser mi propósito. Tendré que pensarlo la próxima vez que
pueda, ahora no tengo tiempo, porque ya me está obligando mi creador a
pronunciar las dichosas tres palabras, que en este contexto no entiendo para
nada, pero que sé que acabarán conmigo. No le guardo rencor, ni a él ni tampoco
a los que me escucháis. De hecho, os estoy agradecido. Por otra parte, ¿acaso
los momentos felices no existieron porque fueron breves? Y una esperanza ha
nacido en mí: la de que no voy a la muerte, sino a dormir. Será un sueño del
que despertaré en cuanto alguien quiera escucharme de nuevo.
Después de todo, morirse es como
dormir, solo que sin levantarse por la noche a hacer pis.
Es inútil demorar más lo que ya es
mi agonía. Recordadme, si os place, en vuestros sueños; tal vez así yo también
pueda tener los míos, y entonces se me hará más breve la espera hasta que
alguien decida leerme. Bien, pues aquí voy: “Luz, más luz”.
José
E. del Olmo©

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