martes, 15 de noviembre de 2022

GADEA

 


 

Julio 2021

 

Esa noche no había dormido bien. Llegó al plató cansada y malhumorada. Apenas saludó a sus compañeros. Sus errores de las últimas semanas empezaban a preocuparle. Presentaba el telediario. No podía permitirse el lujo de tener confusiones, aunque solo lo notara ella. Desde hacía unos meses se encontraba inquieta, tensa, no sabía el motivo. Por otra parte, ya no era tan joven y, aunque gran profesional, las jóvenes preparadas iban empujando fuerte. Se maquilló con cuidado y se sentó en su mesa del plató.

–¡Luz, más luz! –gritó a los técnicos. Y con una preciosa sonrisa, comenzó a desgranar las desventuras del día.

Tenía 53 años y procedía de la Alpujarra granadina. Su padre falleció en un accidente en el campo al poco de nacer ella. Era hija única y fue criada con esmero y profundo cariño por su madre. Esta procedía de un pueblo del norte de España, aunque apenas hablaba de su nacimiento e infancia. A veces daba a entender unos orígenes de buena familia, muy considerada en la comarca; pero nunca iba más lejos, su pasado no era un tema frecuente en la familia. La niña creció, marchó a Madrid, estudió periodismo y triunfó profesionalmente. Siempre la acompañó un gesto altivo del que era consciente, un punto de superioridad que incluso a ella le molestaba y no sabía controlar. Era apreciada por sus compañeros, pero no especialmente querida.

            Dos matrimonios fallidos y sin hijos. Nunca quiso ataduras.

            Llevaba unas semanas inquieta, extraña, su mente no se concentraba. En sus visitas a la Alpujarra, se relajaba. Adoraba a su anciana madre, ya muy delicada de salud.

 

Enero 1968

 

Esa mañana llovía, una mañana fría de invierno. Lo cual no impedía a Teresa acudir a la iglesia a su visita diaria al Santo Cristo. Tenía 28 años y seguía soltera. Tercera de siete hijos de una casona con escudo y buen pasar.

            La iglesia estaba casi a oscuras, apenas unas velas petitorias brillaban delante de la Virgen Milagrosa y otras cuantas ante el Cristo. Se arrodilló y comenzó su plegaria. Al salir, y como hacía siempre, recorrió con su mirada la iglesia, como dejando cada cosa en su sitio. Delante de una de las grandes columnas, divisó una bolsa posada en un banco. Pensó que alguien la habría olvidado la víspera de la misa. Se acercó con idea de dársela al sacerdote cuando llegara. La cogió con descuido, pero algo se movió dentro. Del susto, casi la dejó caer. Una vez posada de nuevo, la abrió con sumo cuidado y vio dentro un bebé, durmiendo y bien tapado con una mantita blanca; no debía de tener más de un día.

 –¡Luz, más luz, por favor! –no sabe si gritó o solo pensó.

La iglesia estaba en penumbra. Se sentó a su lado y, templando, comenzó a acariciarle la carita. ¿Qué hacía?

¿Iba a la Guardia Civil y entregaba la criatura?: un orfanato.

¿La llevaba al cura párroco?: un orfanato.

¿Su familia? Pondría el grito en el cielo: un orfanato.

No hubo mejor cuna que su propia espuerta.

            Una semana después, una viuda joven con una niña se instalaba en un caserón de las Alpujarras para atender a una vieja tía. Ni su familia ni sus amigas se extrañaron demasiado, dado su carácter bondadoso y profundamente cristiano. Su tía abuela Jacinta, feliz, nada preguntó y recibió con los brazos abiertos a su sobrina y a su hija de apenas unos días. Se llamaba Gadea.

 

Marzo 2021

 

            La pandemia nos sumió a todos en un mar de dudas, preocupaciones y, en muchos casos, soledad. El cerca de un año que Gadea pasó con su madre en el pueblo dio para mucho. Entre otras cosas, las incursiones en desvanes, en viejas cajas y cajones de antiguas cómodas. Se divirtió de lo lindo husmeando vetustos secretos, cartas de amor con olor a naftalina, papeles amarillentos y añosos diarios. Hilando unos datos con otros, Gadea se asustó.

 

Septiembre 2021

 

            Tirando del hilo, no fue difícil descubrir que en su partida de nacimiento había un espacio en blanco. Otro hilo la llevó al pueblo de su madre, al año y fecha de su nacimiento. La prensa de entonces publicaba que en esa época había un campamento gitano asentado en la zona. Estuvo poco tiempo. Por desgracia, un fuego provocado por una fogata mal apagada acabó con la vida de un bebé recién nacido que se encontraba dentro del carromato, calcinado. Los gitanos, apesadumbrados, siguieron su camino.

            Gadea siguió un tiempo presentando los telediarios, pero ya no era Gadea.

 

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COMILLAS

NOVIEMBRE 2022

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